lunes, 25 de julio de 2016

Diez Ayllus




Diez Ayllus

 

 

Diez Ayllus  es el espacio donde me encuentro conmigo mismo y con todos los seres humanos.

 

En el que recorro los caminos de mi infancia, bajando y subiendo cuestas empinadas, bordeando precipicios, divisando paisajes agrestes u oteando azules lontananzas.

 

Donde habita el recuerdo de cierta muchacha de ojos color de la noche. Los amores que fueron, los amores que pudieron ser y no fueron… y los que siguen siendo.

 

Es el espacio de mi libertad; de mi ser y estar en el mundo, sin credos ni falsas utopías. Donde cada imagen y cada palabra solo responden a mi libre albedrío.

 

Espacio de encuentro de Eros y Psique,

donde toda pasión es posible.

 

[SAÚL].

 
 

viernes, 15 de julio de 2016

Añoranza dominicana

 
 
 
 
 
Hermosa vista de la capital del distrito de Santo Domingo.
 
Fuente: Internet 


viernes, 1 de julio de 2016

Chungayo en el siglo XVIII

 
 
 
 
 
 
 
Breve referencia histórica de Chungayo en el siglo XVIII 
 
 
 
 
 
“Dos pugnas interesantes se darán a lo largo de la década de 1760. La primera de ellas involucró a las tierras denominadas "Chungayo" en el asiento de Chalaco, que como ya es tradicional para la zona englobaba un conjunto de sitios que dependiendo del litigante recibía distinta denominación. En 1761, las tierras en cuestión, donde se ubicaban los potreros de "Santiago" y "Nomala" eran disputadas por Pedro Domínguez de la Cruz y por Ventura de Córdova. Como es usual, estaba en discusión un arreglo anterior entre las partes que databa de 1748. Por entonces se estableció que dos pequeñas propiedades, "San Miguel" y la loma de "San Agustín" de Domínguez y Córdoba, respectivamente; eran colindantes. Córdoba argüía derechos de la familia de su mujer, que se remontaban a tres generaciones atrás pero se sabía por la provisión de mediados de siglo que en ese entonces los López habían decidido usar de las tierras para la construcción de un molino, que terminó siendo más bien dos, dedicados a trigo y caña, y que al parecer no tuvieron buen rendimiento con el andar del tiempo. La dedicación de las tierras al poco codiciado panllevar y a productos con cierta rentabilidad, "congeló" las pasiones, hasta que las muías se volvieron apetecibles, y no precisamente por su carne. Cinco años después de concurrir a los tribunales, los Domínguez fueron ratificados en sus "derechos" por el corregidor. No tenemos mayor información sobre la ubicación social de los implicados en el litigio, pero suponemos que no eran miembros del grupo social superior en la región. La informalidad en el manejo de la demarcación y la humildad de la propiedad y su producción, podría remitirnos al caso de una familia de vecinos españoles empobrecidos o de mestizos inclusive”.
 
Tomado de:
Carlos M. Gálvez Peña
 
En la frontera del Reino: apuntes sobre sociedad y economía de un curato en la sierra de Piura (1780-1800)
[http://books.openedition.org/ifea/3297]



viernes, 20 de mayo de 2016

Cuando los Padres Santos llegaron a Chungayo



Cuando los Padres Santos llegaron a Chungayo



Saúl Castillo Peña



Corría el año 1958, si mal no recuerdo, cuando los Padres Santos llegaron a Chungayo, en calidad de misioneros. Desde unos días antes no se hablaba de otra cosa: “¡Ya vienen los padrecitos…!,¡ya vienen, ya vienen…!”, decían por aquí y por allá los adultos y los churres. Quien más quien menos alistaba su mejor indumentaria para asistir a los actos religiosos que celebrarían los sacerdotes, y preparaban su espíritu haciendo examen de conciencia de sus pecados capitales y veniales para cuando se confiesen con los padrecitos, prometiéndose no pecar más de palabra ni de obra; no tener malos pensamientos ni decir lisuras.

La población se había organizado en diversos comités para recibir a tan magnos visitantes: comité de bienvenida, de limpieza y adorno de la capilla; de hospedaje y alimentación, entre otros.

La víspera de la llegada se vivía una febril actividad en medio de los preparativos: las damas solteras, encabezadas por doña Fedima, estaban encargadas de que la capilla quede liempiecita, oliendo a jazmines traídos de la quebrada; las imágenes del Señor Cautivo y de la Virgen del Carmen lucían sus mejores galas; asimismo, la mesa del altar estaba cubierta con el mantel más reluciente, adornado con floreros de plata hechos por artesanos cataquenses.

El comité de hospedaje estaba integrado por las matronas de la localidad, comandadas por doña Elena, que desde hacía varias semanas habían dispuesto las habitaciones, las que lucían bien barridas con ramas de verbena para ahuyentar los bichos, con las tarimas de madera y todo lo necesario para la estancia de los reverendos.

Por su parte, el rubro de la alimentación fue asignado a un grupo de señoras elegidas por su buena sazón, quienes además se habían asesorado con una monjita coterránea acerca de lo que se les debía preparar a los padrecitos; ella vivía en Piura pero por esos días estaba visitando su terruño. Sor Mechita, como le decían de cariño, les indicó que sobre todo no fueran comidas pesadas. ¡Ave María purísima!

A su vez, el comité de bienvenida estaba integrado por las autoridades y los notables del caserío, y lo presidía don Alberto, el teniente gobernador. Con el primer canto del gallo partieron los jinetes de la comitiva en sendos corceles rumbo a Simirís, llevando las más mansas acémilas para que monten los misioneros y sus acompañantes.

Mientras tanto, los maestros de ambas escuelas organizaban a los niños y las niñas para ir a recibir a los Padres Santos, poco después del mediodía. Quien esto escribe cursaba el primer año de primaria, y junto con los demás compañeros nos dirigimos a la Cruz Azul, donde se había erigido un arco grande, adornado con flores y papel cometa de diversos colores. Lo propio hacían las niñas, quienes ensayaban la canción que entonarían cuando los misioneros pasen bajo el arco:

Salve, salve, cantaban, María

Que más pura que tú solo Dios

Y en el cielo una voz repetía

Más que tú solo Dios, solo Dios


Los ilustres visitantes arribaron más tarde de lo esperado. Fueron recibidos con aplausos, cánticos y vivas a los santos y las vírgenes, entre otras expresiones de afecto, manifestación del profundo espíritu religioso de la población.

Tras su llegada, los misioneros realizaron las coordinaciones para las actividades de los días siguientes, tomaron sus alimentos aderezados de acuerdo a las indicaciones de sor Mechita, rezaron el Santo Rosario en la capilla, y luego se retiraron a sus aposentos, para descansar del trajín del camino.

Ambos sacerdotes eran de mediana edad; vestían sotana de color claro. Uno de ellos–me parece que se apellidaba Cruz– era natural de San Miguel, e iba acompañado de su señora madre.

Al día siguiente los niños, con nuestra mejor ropa, y las niñas, vestidas de blanco, confesamos a los misioneros nuestros pecadillos, unos más y otros menos, luego hicimos nuestra primera comunión, prometimos portarnos bien para no ir al infierno, y también aprovechamos para hacer la confirmación; bastantes parejas de adultos que ya se habían unido en concubinato formalizaron su situación; muchas otras se dieron el sí, aprovechando además que no tenían que pagar; y también no fueron pocos los que se bautizaron.

Fue, pues, una fiesta netamente religiosa, como Dios manda.

Salve, salve, cantaban, María…… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … solo Dios, solo Diooooooos.


Mayo, 2015.




viernes, 8 de abril de 2016

Morropón y el tondero

 
 
 

Morropón, cuna y capital del tondero y la cumanana
Nelson Palacios Juárez
 
A la entrada de la ciudad de Morropón, puede uno leer un anuncio a los visitantes que dice: “Bienvenidos a Morropón, tierra del Tondero y las Cumananas”.
Y es que es el pueblo con mayor tradición en este arte y aún cuando su forma de ejecutarlo rompe con el esquema al que habíamos estado acostumbrados a apreciarlo y aprenderlo en todo el país hasta la década de 1980, es irremediable que al contemplar a una pareja de morropanos bailarlo con entusiasmo o al oír a sus músicos y cantores interpretarlo con sentimiento, se nos venga a la mente la palabra autenticidad. Aún algunos pueblos se disputan la cuna del tondero.
Los historiadores un día darán el veredicto final, quizás. Sin embargo, eso de momento poco importa; el hecho es que, basta mirar las parejas morropanas bailando el tondero para constatar ese estado de trance con que bailan los auténticos portadores de esta expresión. Morropón es una provincia ubicada en el departamento de Piura (costa norte del Perú). Su capital es Chulucanas. Su fisonomía es la de un pueblo enclavado en el límite de la costa y la sierra y cuya principal actividad es la producción agropecuaria. Su gente sencilla, conversadora y hospitalaria tiene entre sus temas favoritos de conversación, el tondero y la cumanana (esta última, verseada en rima, dicha o cantada de manera improvisada y en contrapunto).
La composición de música y letra de tondero se encuentra vigente en los sectores populares y el repertorio nuevo se puede oír en diversas reuniones sociales en la localidad. La forma de ejecutarla actualmente es con guitarra y cajón. Su temática versa sobre la vida cotidiana, la mujer, las bondades de su región, la gastronomía, el humor, el doble sentido y también temas cívicos, políticos y sucesos diversos referidos al desarrollo de la comunidad. Su baile actual es muy original. No se aprecia similitud ni relación alguna con el cortejo de preapareamiento de las aves, como místicamente se le describe en otros lugares. Su ejecución simplemente desarrolla un argumento cualquiera de la relación de género entre el varón y la mujer, exhibiendo cada uno lo mejor de sí: ella muestra el poder de su belleza femenina; él exhibe su fortaleza y picardía.
Ambos portan pañuelos en sus manos y hacen mil gestos audaces, bregando de ese modo pacífico y divertido por el dominio del género al cual representan, mientras los animan festivamente los circundantes, partidarizándose algunos con ella y otros con él.
En Morropón, la postura de los que bailan el tondero es algo inclinada hacia adelante en gran parte del baile, buscando aproximarse permanentemente, pero sin tocarse; ya que se trata de un baile de pareja suelta. Los desplazamientos son libres y muy simples en relación con los de otros pueblos del norte, repitiendo acercamientos y alejamientos estratégicos y espontáneos. Los pasos son “ahuaynados” (similares al huayno), debido a la influencia de los pueblos de la sierra vecinos, incluso cuando lo interpretan los habitantes de descendencia negra, que por la zona abundan. Un tema esencial en el tondero morropano es la expresión gestual. Es continua la conexión de varón y mujer a través de la mirada, seduciendo y desafiándose mutuamente en lances atrevidos pero calculados, porque nada debe aproximarse a lo burdo ni a lo grotesco; siempre acaba él siendo un caballero y siempre acaba ella siendo la merecedora del rendimiento de aquél.
El traje cotidiano regional de Morropón, según los morropanos, era de tocuyo, por lo que en la actualidad al presentar este baile en escenarios o festivales, los morropanos usan con orgullo estas vestimentas, cuyo corte original viene siendo materia de estudio en dicha localidad. Para los estudiosos del tondero constituye un dato importante establecer vínculo con el Instituto Distrital de Cultura de Morropón, ubicado en el mismo pueblo, el que es visitado por artistas y cultores de todo el país.
 
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Fuente: Chulucanas Noticias, 1 de abril de 2016.
 
 


lunes, 14 de marzo de 2016

Cultura gastronómica del Alto Piura

 
 
 
 
 
 
 

 
CEVICHE DE CARNE
  
 
Es un plato típico de la serranía piurana, ya que el poblador al no contar con pescado fresco se las ingenió para elaborar su propio ceviche a base de la pulpa de res, ya que lo tienen a la mano.

 
Su elaboración es muy parecida a la del ceviche de pescado, la pulpa se corta en cubos pequeños de 1cm. aprox. y se sazona (sal y pimienta) y luego se deja macerar la pulpa con el jugo de limón por lo menos una media hora, luego se le incorpora, la cebolla, el ají picante y culantro picado, se acompaña con yucas, mote sancochado, zarandajas o choclos. En algunos lugares también le incorporan tomate picado al ceviche.
 
 

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Tomado de Glosario gastronómico piurano:


domingo, 3 de enero de 2016

Cultura global

 
 
 
La cultura-mundo
Respuestas a una sociedad desorientada
 
ANA MARCH*
 
Confusión, falta de referentes, sensación de vagabundeo general, no saber hacia dónde se va, falta de fe en el porvenir, desencanto, incertidumbre. Nuestras referencias colectivas se han desintegrado una tras otra y la desorientación es general. No, nuestra época no es una época fácil sino que destaca por su complejidad. Nunca habíamos tenido tanta información, tanto detalle pormenorizado del estado del mundo y, a su vez, nunca había sido tan confusa y débil la comprensión del conjunto. La realidad se siente como un caos progresivo, el capitalismo, sacudido por convulsiones estructurales, disminuye nuestra confianza en la huida hacia adelante y el futuro parece acosado por una globalización que más bien se intuye será una detonación en cadena. El desconcierto actual es planetario y afecta todas las esferas de nuestra vida: la familia, la identidad, la vida social, la relación entre géneros, la identidad sexual, la educación, los hijos, la moda, la alimentación, las nuevas tecnologías. La incertidumbre se extiende, se globaliza, es el sentimiento más mundializado hoy en día. Dentro de este panorama, la cultura se ha transformado radicalmente. Nuestra época es testigo del advenimiento de una cultura que conquista todas las esferas de la vida, los estilos de vida y las actividades humanas, una cultura que ya no puede considerarse una superestructura de signos dentro de otra superestructura, la ordenación simbólica del mundo, adorno u ornato, sino que se ha convertido en el mundo mismo, en una ‘cultura-mundo’.
Bienvenidos a la era de la ‘hipercultura universal’, una cultura que ha trascendido sus propias fronteras y mediante una ruptura histórica ha disuelto  las antiguas dicotomías entre economía/imaginario, real/virtual, producción/representación, marca/arte, cultura comercial/alta cultura. Ha reconfigurando el mundo en el que vivimos y la civilización que vendrá. Así lo expresan el sociólogo Gilles Lipovetsky y el escritor y crítico de cine, Jean Serroy en el ensayo La cultura-mundo. Respuestas a una sociedad desorientada1.
Esta hipercultura o cultura-mundo a la vez que organiza, desorganiza a mayor escala las conciencias, las formas de vida, la existencia individual. El mundo está desorientado, inseguro, desestabilizado, no es algo pasajero sino cotidiano, y lo será de forma estructural y crónica. Para entender las causas de esa desorientación los dos autores franceses hacen caso omiso del riesgo teórico que comporta embarcarse en la tarea de analizar la cultura hoy por hoy, y nos presentan su riguroso análisis.
La cultura-mundo, Respuestas a una sociedad desorientada, es un ensayo publicado en Francia en el año 2008, y en España, por la editorial Anagrama en el año 2010, con traducción de Antonio-Prometeo Moya. Un libro necesario, de lectura obligatoria, que funciona como asidero en el vendaval de desconcierto contemporáneo. Resulta imposible leer a Gilles Lipovetsky sin sentirse un síntoma cultural, algo así como un estornudo del gran resfriado hipermoderno, pues el diagnóstico, certero, se vuelve espejo de nuestras dicotomías íntimas.
La combinación con Jean Serroy, con quien ya había trabajado en el excelente ensayo, La pantalla global (2007), resulta tan eficaz, que por momentos parece que uno esté leyendo el manual apócrifo de su propia vida, leyendo las letras pequeñas del contrato social al que todos estamos suscritos. Y esto resulta gracias a la capacidad de penetración y análisis respecto a la sintomatología que presenta la sociedad hoy. Tarea compleja que abordan con sencillez y desde un punto de vista productivo, que no sucumbe a la neurastenia apocalíptica y se centra en el análisis, en la búsqueda de un diagnóstico y un tratamiento adecuados que nos ayude a entendernos y a llevar a buen puerto este complejo y apasionante momento de la historia que nos toca vivir. Un referente para navegar las difíciles aguas del día a día.
 
Qué es Cultura-Mundo
 
El mundo nunca ha sido tan pequeño. Las nuevas tecnologías han reconfigurado nuestra relación espacio-temporal con el mundo y lo han convertido en un microuniverso gracias a la rapidez de las redes de comunicación, accesibles desde todo punto del planeta. La información se transmite simultáneamente, y cuando algo afecta a una parte del mundo, afecta a todo el conjunto. Pero esta eficacia en la información –de una rapidez y abundancia desmedida- no se equipara a la comprensión y el entendimiento de lo que nos acontece. Cuanto más tranquilos deberíamos estar, apunta Gilles Lipovetsky, por los beneficios que nos reportan los avances que nuestra sociedad ha conquistado: prolongación de la vida, una eficacia médica inconmensurable, avance del reconocimiento del lugar de la mujer en la sociedad actual, aumento del nivel de vida, educación para todos, liberalización de las costumbres, entre otros, más crece la ansiedad, la depresión e inquietudes de toda clase. El malestar en la cultura no es un episodio novedoso, muchos son los autores que han abordado y denunciado los riesgos que el progreso acarrea en su seno. De Rosseau a Nietszche, pasando por Marx, Heidegger, o Fromm, no se ha dejado de insistir en la corrupción que el avance acarrea. Pero el panorama actual es muy complejo, como apuntan Lipovetsky y Serroy. La cultura ha transformado radicalmente su y ha adquirido una importancia y una centralidad inéditas, tanto en la vida económica de las naciones (hoy por hoy, en EE UU se reportan más beneficios por las exportaciones respecto de la industria del cine que las producidas por la industria aeronáutica), como en la vida privada. Sobreviene una cultura del tecnocapitalismo planetario, de las industrias culturales, del consumismo total, de los medios y las redes informáticas. Con el incremento de productos, imágenes e información, el capitalismo ha absorbido de manera radical la esfera cultural y ha erosionado las fronteras que jerarquizaban la alta y la baja cultura, el arte y lo comercial, el espíritu y el ocio. La hipertrofia del comercio cultural y su relativismo, ha homogeneizado y el todo se ha transformado en cultura, una cultura que por primera vez en la historia no está producida por una élite social e intelectual, sino por todo el mundo. De este hecho surgen un sinfín de polémicas en las que destaca el recelo contra la rebarbarización de la cultura y la infantilización de los consumidores, el empobrecimiento de la vida intelectual y la sobrepolitización de la cultura, se critican la producción adocenada y kitsch, acusada de alienar y manipular a la población, se siente como una amenaza para el espíritu y la ‘verdadera’ cultura, ya que caricaturiza las obras elevadas reduciéndolas a un mero producto comercial consignado a brindar solo entretenimiento. Rigurosamente adscripta al ritmo frenético de novedad y demanda, la cultura de masas debe renovar su oferta, presentarla como algo singular y a su vez tenerla lista para consumir a un ritmo vertiginoso. Los ‘hiperconsumidores’ exigen una velocidad de creación e innovación de artículos que llevan aparejada la proliferación de lo pasajero y lo contingente, nuevos bienes culturales que vienen envueltos de una retórica de la simplicidad que exige del público el menor esfuerzo posible, señalan Gilles Lipovetsky y Jean Serroy. La intención de estos bienes es divertir, dar placer, la posibilidad de una evasión fácil y accesible para todos, con la moda como lógica de funcionamiento. Mientras la cultura en su forma salvaje, mítica, hundía sus raíces en la formación de la persona, en la elevación y mejora del género humano, la cultura de masas se desentiende radicalmente de este ideal de perfeccionamiento en nombre del individualismo hedonista y la distracción generalizada. Entonces la pregunta que suscitan es ¿qué clase de civilización es la que se avecina? ¿Qué tipo de ser humano será el del mañana? A lo que responden apelando sobre la importancia de elevar el nivel de la educación para formar espíritus libres en medio de un universo que rebosa información. Y para comenzar a ordenarnos nos presentan al individuo de hoy.
 
El star-system del homo pantalicus
 
Desde finales del siglo XIX, desde que la modernidad entró en su era industrial y progresivamente los nuevos medios de comunicación y aprendizaje entraron en funcionamiento (el tren, el automóvil, el avión, el telégrafo, la fotografía, el teléfono, el disco, la radio, etc.), comenzó el primer estadio del cambio en la manera en que nos comunicamos con el mundo. Nos adueñamos progresivamente del espacio-tiempo y la cultura entró en su primera fase de revolución. Pero ninguno de estos inventos tuvo tanto peso en el imaginario común como el que dio origen un dispositivo llamado a ser una de las principales bases de la hipermodernidad: la pantalla. La aparición del cine y su lenguaje da comienzo al primer estadio de lo que Lipovetsky y Serroy han dado a llamar, cultura-mundo, y que es “la cultura extendida del capitalismo, el individualismo y la tecnociencia, una cultura globalizada que estructura de modo radicalmente nuevo la relación de la persona consigo misma y con el mundo”. En sus comienzos el cine americano se exporta y rápidamente se ve en todos los continentes, su lenguaje se vuelve internacional, dando paso a la creación de una nueva figura en el espectáculo moderno: la estrella. La fantasía de hombres y mujeres de todo el planeta queda atrapada de esta figura, de la seducción que sublima y que alimenta el imaginario colectivo. Se convierte ésta en la primera gran producción planetaria, una producción prototípica que aporta un modelo que se fija en el inconsciente colectivo y marca su rumbo. Desde la irrupción del televisor en los hogares, desde los años cincuenta, el cine se disloca y su lenguaje universal rebasa a la pantalla doméstica, la publicidad y la industria de la música. Nace así una cultura completamente distinta a todo lo conocido. La pantalla impone el reinado de la imagen directa, vehículo de emociones y conmociones visuales, triunfo de la inmediatez, la exclusiva, la publicidad, la distracción permanente. Todo lo que es consumible queda entonces progresivamente bajo el dominio de , o mejor dicho, de la degradación que sufre a través del tiempo su figura y que deviene culto a la vedette de temporada o . Esta figura mágica que desempeñó un papel fundamental en el éxito del cine, transgrede su dominio y se extiende, junto con la proliferación de las pantallas, a todas las esferas: la política, la religión, la ciencia, los negocios, el arte, el diseño, nada escapa hoy al star-system, la cultura queda bajo la influencia de la economía del vedetismo, con el estrellato como perspectiva, con sus listas top de principales, obras más vendidas, premios, palmarés, record de visitas o público. La cultura del famoseo, la del ser conocido para nada, irrumpe en la vida individual. En la cultura domina el ideal de aparecer en los medios, exponer en las ferias y bienales de todo el mundo. La valía de una obra queda supeditada a su valor económico en el mercado. La percepción del mundo es moldeada por un mismo lenguaje que hace evolucionar al ser humano en lo que Lipovetsky y Serroy denominan el hombre pantalla u homo pantalicus. La aldea mediática impone el reino de lo virtual. Hoy no se hace nada sin que un ordenador aparezca por alguna parte. El homo pantaliscus nace, vive, trabaja, se divierte, viaja, envejece y muere, hoy por hoy, rodeado de pantallas. La economía, la sociedad, la cultura, la vida cotidiana, todas las esferas sufren la remodelación de las nuevas tecnologías de la información. La era de la ‘todopantalla’ genera una cantidad inagotable de imágenes y datos que no solo son desparramados por soportes nuevos, sino que además vienen con una comunicación interactiva producida por los propios individuos, el auto-medio, la información descentralizada, de modelo horizontal con una cultura de todos hacia todos. Una relación cada vez más individualizada y personalizada con los medios de información. El ‘hiperindividuo’ de hoy es un consumidor que está continuamente interconectado, ramificado permanentemente en las redes que forman verdaderas comunidades y donde el seudónimo y el avatar se imponen para poder manifestarse. Se busca menos un vínculo que la embriaguez de los contactos y las ‘amistades’ renovadas sin cesar. Se juega a tener otra identidad, otra vida. La explosión de las comunidades virtuales no hace sino expresar la hipertrofia real de la individuación, según concluyen Lipovetsky y Serroy. Una dimensión profundamente narcisista que muchas veces consiste solo en hablar de uno mismo, en darse a conocer, pero que también acarrean verdaderos deseos de compartir, expresarse, participar, lo que aporta una dimensión del individuo actual no como un consumista pasivo, sino la de un ‘hiperconsumista’, alguien que es a su vez expresivo, participativo, que dialoga y demanda una interacción múltiple, más reflexivo y problemático, opinan Jean Serroy y Gilles Lipovetsky. Pero ¿qué trampas existen en el camino?
 
Las trampas de la era hipermoderna
 
Cuanto más se globaliza el mundo más importancia adquieren los particularismos y las exigencias identitarias. Con la cultura-mundo, con la sensación de vivir en un único mundo, aparece por primera vez la conciencia de la globalidad de los peligros, la cosmopolitización de los miedos y a su vez la resurrección de la problemática de las identidades colectivas, las ‘raíces’, el patrimonio histórico, las lenguas nacionales, adquieren en la cultura-mundo una importancia nueva. A la vez que el mercado y las industrias culturales fabrican una cultura mundial caracterizada por una fuerte corriente homogeneizadora, se multiplican las demandas comunitarias de diferencia: cuanto más se globaliza el mundo, más aspira a afianzarse una serie de particularismos culturales. La uniformación global y la fragmentación cultural van de la mano, dado que el individuo, sin puntos comunitarios de arraigo, busca la identificación y la permanencia en grupos minoritarios y comunidades que le puedan dar esa sensación de pertenencia. Desde el siglo XVIII, desde el comienzo de la ruptura frontal con los grandes sistemas de pensamiento y las ideologías de las civilizaciones precedentes, impera un sistema de valores en el que el individuo, libre e igual, se presenta como fundamento del orden social y político. Ya nadie puede ser obligado a adoptar tal o cual doctrina ni a ser sometido a las normas dictadas por la tradición, tenemos derecho a una ‘vida a la carta’, con la adopción de los derechos humanos en su versión institucional. Ahora bien, la revolución individualista, con la nueva irrupción de la oferta de consumo y comunicación, y la contracultura, han confluido a la desintegración de los ordenes colectivos (familia, iglesia, partidos políticos, moralidad) el neoindividualismo irrumpe dejando al individuo libre de imposiciones colectivas y comunitarias, ayudando a su desorientación y acentuando la sensación de aislamiento y soledad. Según los autores lo que está en marcha no es otra cosa que un ‘hiperindividualismo’ centrado en la preeminencia de la autorrealización, de marcada tendencia narcisista (proliferación del culto al cuerpo, preocupación por la salud, culto al deporte, cirugías estéticas, etc.), que debilita la seguridad del individuo y vuelve problemáticos hasta las costumbres más elementales como la alimentación o la vestimenta. Ante la debilitación de los controles colectivos, los estímulos hedonistas y la superoferta consumista han contribuido a formar un individuo poco preparado para resistir los impulsos internos y las seducciones del exterior. Crece la tendencia al desgobierno de uno mismo. “Cuanto más libre y dueño de sí es el individuo, más vulnerable, frágil e interiormente desarmado parece”, opinan los autores. Lo que deja en evidencia que la incertidumbre es la norma del ‘hiperconsumidor’ que busca respuestas en la web, en las revistas, pero también en los nuevos movimientos religiosos, sectas, nacionalismos, y si su angustia es excesiva y su seguridad escasa, no podrá comer, vestirse, correr, ni hablar, sin un instructor que lo lleve de la mano y le indique los pasos de lo que hay que hacer.
 
¿Y ahora qué?
 
Durante mucho tiempo la meta de la cultura era hacer más profundo el intelecto, vivir de acuerdo con la razón. Esta aspiración superior, según los autores, está menos obsoleta que nunca en un mundo dominado por la superficialidad de lo inmediato y lo consumible. Lo que ocurre es que hoy tiene otra misión y es abrir la vida a dimensiones distintas, aportar metas, trazar mapas para volver a caminar en otras direcciones, estimular las múltiples potencias de los individuos y que no se limiten a la sola comprensión del mundo. Por este camino se recupera cierto modo de función eterna, antropológica, de la cultura: educar y socializar a los individuos dándoles metas y la posibilidad de , permitiéndoles hoy aprovechar la multitud de planes, experiencias y horizontes. Eso sí, la era del código unificado, del sentido, dicen, se ha perdido para siempre. En un universo que no reconoce más que al individuo, los sistemas colectivos de sentido ya no tienen una base sagrada, concluyen Lipovetsky y Serroy, y apoyándose en la fuerza positiva de la cultura, opinan que el reto está en ‘civilizar’ la cultura-mundo. Para ello marcan tres grandes objetivos sobre los que construir una política cultural que ayude a afrontar la ‘Gran desorientación’. En primer lugar señalan la imperiosa necesidad de transformar a fondo la institución escolar, en que se recupere una cultura de la inteligencia. Reconsiderar el testigo de la enseñanza, la cultura general y reconquistar tanto la autoridad del maestro como la legitimidad del alumno en una escuela más abierta, interactiva y participativa, donde se de paso a una nueva formación de cultura general, que contribuya a reconciliar un montón de datos desordenados en un conjunto de conocimientos y valores comunes. En el “doble caos de la abundancia y la inmediatez”, los autores defienden la necesidad de una nueva cultura general que contribuya a una cultura de la historia, que no sea mera cronología plagada de detalles, sino más bien una historia que haga coherente la marcha del mundo, la evolución de fondo de las mentalidades, las artes, las religiones, las técnicas, el derecho, las ciencias, los sentimientos y las costumbres. Por otra parte opinan que también la universidad debe ser reformada hacia una política de la creatividad, que potencie la capacidad de crear, innovar y emprender, ofreciendo a cada cual la oportunidad de ofrecer lo mejor de sí y de contribuir a su manera a humanizar la cultura colectiva. Por parte del Estado se debe trabajar en regenerar la confianza, rehabilitar la cultura del trabajo, la del mérito y rehabilitar la cohersión social. En materia urbanística muchas son las propuestas que plantean en el libro Gilles Lipovetsky y Jean Serroy. Solo movilizando las fuerzas creadoras de riqueza y crecimiento, dicen, evitaremos la desorientación, el abismo de la desolación. Por parte del estado debe haber una democratización de la cultura, la política cultural debe estar al servicio de la educación artística y no de los promotores, creadores y artistas. A través de escuelas municipales, conservatorios, y otras academias, la democratización del arte debe pasar por dar respuesta al apremiante y creciente interés de expresión de los individuos. Hay que preguntarse, dicen los autores, lo que debe ser hoy una política cultural, si no quiere reducirse a un tonel de Danaides que beneficia sólo a unos cuantos y derrocha sin cesar los fondos públicos. “En el mundo desorientado, la cultura debe verse como un instrumento privilegiado que hace posible el progreso y la autosuperación, la apertura a los demás, el acceso a una vida menos unidimensional que la del comprador”.
 
Conclusión
 
Quienes hayan leído a Lipovetsky concluirán conmigo en que La cultura-mundo resulta un compendio de lo que ya había expuesto en otras ocasiones, como por ejemplo en La pantalla global, aunque no deja de aportar nuevos enfoques que refrescan y resultan estimulantes. En concreto me parece un libro mucho menos optimista de lo que suele resultar la visión lipovetskiana, benignidad que le ha valido sus críticas y de la que parece no poder hacer uso eficaz en este libro.
Aunque se esfuerza por acotar ideas y soluciones, el futuro y su detonación en cadena parece depender de que esa desorientación generalizada vaya enraizándose a una cultura reconciliada consigo misma y con su pasado, que nos procure una visión de conjunto, adhesión y coherencia. La cultura debe ser democratizada como vía de expresión y un medio que nos inculque el deseo por trascender nuestras limitaciones y superarnos, que nos inculque respeto por nosotros mismos, que nos ayude a tomar las riendas de nuestra propia vida y guiarla más allá del paraíso de lo efímero.
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1 Serroy, Jean y Lipovetsky, Gilles. La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada. Madrid: Anagrama, 2010.
* Tomado de Culturamas.