viernes, 16 de mayo de 2014

Cumananas

 
 
Cumananas
 
 
La leche para ser leche,
no necesita tener nata;
el hombre para ser hombre,
no necesita tener plata.
 
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Maldita la piedra liza,
que en ella me tropecé;
maldita sea mi suerte,
que de ti me enamoré.
 
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Mañana cuando me muera,
me pondrán poncho y sombrero;
pueda ser que en la otra vida,
haya viento y aguacero.
 
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Qué bonita es una casa,
cuando la saben pintar;
más bonita es una hembrita
que no sabe traicionar.
 
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Un gavilán con cien plumas,
no se puede mantener;
un abogado con una pluma,
mantiene vicio y mujer.
 
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Pomito de agua florida,
pomito de gran olor;
cómo quieres que te olvide,
si tú eres mi primer amor.
 
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Cuando paso por tu casa,
me dan ganas de llorar;
al verte parada en la puerta
y no poderte abrazar.
 
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Hombres encontrarás
como piedras en el río;
pero jamás hallarás,
un amor igual al mío.
 
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La naranja para comerla,
se le saca la pepita;
la mujer para quererla,
se le besa la boquita.
 
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Cuántas vueltas ha de dar la luna,
para alumbrar el mar;
cuántas vueltas daré yo,
para dejarte de amar.
 
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Cuando suenen las campanas,
no preguntes quien murió,
separado de tus brazos,
quien ha de ser, sino yo.
 
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Yo sembré la hierba buena
y me nació culantro,
yo mismo tuve la culpa,
de haberte querido tanto.
 
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En la puerta de mi casa,
tengo un mono relojero,
cuando pasan las muchachas,
se le para el minutero.
 
 
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Recopilado por: Líder Pintado Reyes.
Fuente: Municipalidad de Ayabaca, página web.


martes, 13 de mayo de 2014

Crónica piuranísima

 
 
¡Los piuranos somos uno solo!
Houdini Guerrero*
 
I 
La música es consuelo, es encontrar el antídoto perfecto para olvidar los sinsabores de la vida o para recordarlos con la mirada del que ve llover y no le importa. Muchos de los que formaban la inmensa cola –para entrar al lote 4, manzana H de la calle Manuel Frías en el AH "Micaela Bastidas"– nunca se habían puesto a pensar en la música como filosofía, simplemente la sentían, bailaban y bebían a su manera.
La tristeza –esa locumbeta hermana mayor de la alegría– revoloteaba con descaro por el rostro de aquel anciano venido de "San Sebastián", por las cejas de la muchacha residente en "Nueva Esperanza", por los labios del adolescente que ha llegado desde Pacaipampa. La cola avanzaba lentamente y eran varios los que conversaban animadamente, pese a no conocerse entre sí. A toda aquella muchedumbre la había convocado la muerte de Edita Guerrero Neyra, vocalista de la agrupación musical "Corazón Serrano", orquesta que se encontraba en la cúspide del éxito a nivel nacional.
La muerte es un enemigo que mata huyendo, había sentenciado hace mucho, mucho tiempo el poeta español conocido simplemente como Quevedo. La huida –de la señora de negro y guadaña implacable– había sido muy corta en el caso de Edita, quien cumpliría 31 años el 11 de marzo del presente año. Era una jovencita de voz dulce que le cantaba a la vida con toda la fuerza de un corazón serrano.
Hincha del club victoriano "Alianza Lima", le gustaba el cebiche, el mote y sobre todo las tortillas con queso. Tortillas que son populares en todo el ande piurano y en donde se escucha con fervor los pasillos y los sanjuanitos ecuatorianos. No es raro escuchar en la sierra piurana –y en Sullana– la voz inconfundible de Julio Jaramillo, "Las Hermanas Sangurima" o "Los hermanos Miño Naranjo" animando las tardes de los pobladores que siguen mentalmente o a viva voz sus canciones favoritas. El 80% de la tierra piurana se encuentra en la serranía.
Era entre oscuro y claro cuando llegó monseñor Daniel Turley al velorio, la gente de la cola lo vio entrar a la casa con paso decidido. Vestía su inconfundible camisa celeste –con un crucifijo negro en el pecho– y un pantalón oscuro que tiraba para gris. El hecho causó conmoción entre la gente que esperaba entrar a la casa para darle el último adiós a Edita Guerrero Neyra. La familia de Edita salió en pleno a saludar a monseñor y recibir el respectivo pésame. "Es el cura de Chulucanas, un cura del pueblo" dijo Julio Tocto, profesor de la Universidad Nacional que hacía la cola junto a sus hijos. La gente pugnaba ahora con mayor fervor para entrar y ver al cura y a la cantante.
"¿Por qué habrá venido el padrecito?”, se preguntó una mujer que tenía un rosario en una de sus manos y en la otra un póster con el rostro hermoso de Edita. El día siguiente, domingo 2 de marzo, los diarios nacionales y regionales daban cuenta en primera página de la muerte de la cantante. En El Tiempo y Correo, diarios de Piura, se consignó la presencia del obispo de Chulucanas en el velorio y se mencionó que oró por el alma de Edita.
Durante el día y la noche la gente siguió llegando al hogar de los Guerrero Neyra. Era impresionante el desfile de fans de todas partes de la región Piura, algunos llegaban de otras localidades del país. En la noche se realizó un concierto musical que fue televisado en directo por algunos canales de televisión que cuentan con bastante rating a nivel nacional.
El día lunes fue el sepelio. Eran familias enteras acompañando al féretro. La avenida Grau, la principal de Piura, se vio colmada de gente que se movilizaba a pie o en mototaxi. Era el fervor del pueblo que se identificaba con una chica surgida de abajo y que junto a su familia había logrado el éxito artístico y económico. Antes de ir al cementerio la comitiva pasó por la Urb. Las Mercedes, lugar donde vivió con su esposo y sus dos hijos. La gente soportaba estoicamente el sol piurano. Todos quieren estar cerca –siquiera por un momento– del ataúd donde está ella: Edita. La cantante se ha convertido en un "nosotros". Ello significa que somos parte de ella, de su éxito. Somos los "emergentes" en una sociedad que no tolera el fracaso. Todos afirman conocer sus canciones, todos han tomado cerveza alguna vez escuchando "Muriendo de amor": "Luna dile a mi amor / que yo lo espero esta noche, / dile cómo me siento yo / y que estoy muriendo de amor". Son versos que en el papel no te dicen mucho pero que entonados por la voz cristalina de Edita te conmueven y te hacen pensar que el amor existe. Una pareja cuenta que se conoció en un concierto de "Corazón Serrano". Un reportero del programa limeño Enemigos Íntimos se toma fotos con sus fans mientras espera la llegada del féretro a la casa. "Estás bonito, Víctor Raúl", le espeta la más avezada, escote amplio, ojos coquetones. "Es el sol de Piura que te hace verme bonito", le responde el conductor del programa nocturno con la mejor de sus sonrisas. Llega la gente de la Grau y se funde con la que espera en la casa.
El río crece. Parten al cementerio.
En Piura son pocas las veces que se ve tal concentración de gente. No hay líderes políticos que despierten entusiasmos populares, la gente va cada vez menos a las procesiones. La gente se descontrola, la policía lanza gas pimienta, el cura Juan Rebolledo no puede dar el último responso, la familia está desconcertada, la gente pugna por acercarse al féretro, es el último adiós y no hay motivo alguno para no registrarlo en los cientos de celulares que lanzan flashes que se confunden con las decenas de globos blancos que se pierden en el horizonte.
II
El miércoles 5 de marzo visito a Monseñor Daniel Turley en el arzobispado de Chulucanas. Me intrigaba su presencia en el velorio de Edita Guerrero. Luego de sortear a dos amables secretarias me encuentro esperando a Monseñor en su oficina, ésta está adornada con fotos del Obispo, un reloj con el mapa de Colombia marca el ritmo de la hora, unas máscaras africanas compiten con el cristo campesino de Max Inga, ceramista chulucanense ya fallecido. Entra monseñor y un ambiente de paz se respira en el ambiente. Le pregunto y él me responde.
El Obispo conoció a la familia Guerrero Neyra cuando era párroco de Pacaipampa, allá por el año de 1976. Ellos vivían en Cachiaco, un poblado que pertenecía al distrito de Pacaipampa. Fue testigo de las dificultades económicas por las que atravesó la familia. Es amigo del abuelo de Edita, don Calixto Guerrero, un anciano que aún ahora en sus ratos libres confecciona hermosos bastones con la madera de los árboles que crecen en la serranía. Es un eximio ebanista.
El párroco bendijo la partida de don Pedro Guerrero Melendrez en 1987 hacia Piura, el jefe de la familia salió a buscar nuevos horizontes junto a sus hijos Lorenzo, Floro, Noemí y Freddy. En los inicios Piura los trató duramente, los hijos tenían que vender cigarros, huevos duros, periódicos. En 1989 se reunió toda la familia, viajó doña Eladia Neyra García con Irma, Edwin y Edita. En Piura nacería Leodán, el último de los vástagos de la familia Guerrero Neyra. "Es una familia que ha sabido salir adelante juntos", me dice con su español enrevesado Monseñor.
Daniel Turley nunca perdió el contacto con la familia e incluso cuando “Corazón Serrano” no era tan conocido como ahora compuso dos canciones para el grupo, la más conocida se titula "Corazón sin puertas" y la cantó Edita por primera vez en Chulucanas, ante diez mil almas, en un encuentro de familias que organizó el arzobispado. La canción habla de la suerte de tener un corazón sin puertas y tener las manos abiertas para ayudar en el camino, manos abiertas para buscar un mundo nuevo. Los Guerrero Neyra nunca se han desconectado de sus raíces, incluso para el 25 de setiembre, con motivo de la fiesta patronal de Bellavista de Cachiaco –como se llama ahora el pueblo por iniciativa de la familia– la familia en homenaje a la Virgen de las Mercedes donan un castillo y pagan la presentación de la orquesta que haya elegido la comunidad bellavistina para celebrar la fiesta.
"Edita era una mujer con muchos valores, con mucha sensibilidad social, orgullosa de su sangre serrana", me dice el Obispo mientras acaricia la cabeza de un enorme perro que se ha sumado a la entrevista, le pregunto el nombre del perro,"Shalom", me dice y luego agrega, "Significa paz". Dejo en paz a Monseñor Daniel Turley y me retiro pensando en la frase que le escuché a don Pedro Guerrero en una entrevista, él dijo "Los Guerrero Neyra somos uno solo"; qué bueno sería que los piuranos fuéramos uno solo. Qué bueno sería.
 
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* Escritor.
Fuente: Diario en línea El Regional de Piura. Sullana, 12 de mayo del 2014.